¿Qué ocurre en una primera reunión con una arquitecta?

Hay un momento especialmente importante antes de empezar cualquier proyecto: el momento en el que una persona entra por primera vez en el estudio y empieza a contar cómo imagina su casa.

Todavía no hay planos, ni materiales, ni decisiones tomadas. Probablemente tampoco exista una idea completamente definida de lo que quiere.

Y eso está bien.

Una primera reunión no debería consistir en llegar con todas las respuestas. Debería servir para empezar a encontrar las preguntas adecuadas.

Antes de hablar de la casa, hablamos de cómo vives

Cuando alguien nos cuenta que quiere reformar su vivienda, lo primero que queremos entender no es qué estilo le gusta.

Queremos saber cómo vive.

Cómo empieza su día, qué espacios utiliza más, dónde pasa tiempo con su familia, si recibe invitados, qué echa de menos en su casa actual o qué situaciones le resultan incómodas.

Porque dos personas pueden tener exactamente los mismos metros cuadrados y necesitar viviendas completamente diferentes.

Una cocina abierta puede ser perfecta para una familia que disfruta cocinando y compartiendo tiempo, pero no necesariamente para alguien que prefiere separar las zonas de actividad.

La arquitectura empieza precisamente ahí: en entender a la persona que va a vivirla.

También hablamos de lo que no funciona

A veces resulta más fácil explicar lo que no queremos que lo que sí queremos.

“Esta habitación siempre está oscura.”

“Tenemos una terraza que apenas utilizamos.”

“Nos falta espacio para guardar.”

“Cuando vienen nuestros hijos, la casa se queda pequeña.”

“Nos gustaría tener más privacidad.”

Estas pequeñas frustraciones contienen mucha información.

Una buena primera reunión permite ponerlas sobre la mesa y empezar a entender qué hay detrás de ellas. Porque muchas veces el problema que percibimos no es exactamente el problema arquitectónico que hay que resolver.

Quizá no falte espacio, sino una distribución diferente.

Quizá no falte luz, sino una mejor relación entre las estancias.

Quizá no necesitemos más habitaciones, sino que las que ya tenemos funcionen de otra manera.

¿Y si todavía no sabes exactamente lo que quieres?

Es completamente normal.

Muchas personas llegan a una primera reunión con fotografías guardadas, algunas ideas y muchas dudas. Saben qué ambientes les gustan, pero no saben cómo llevarlos a su propia vivienda.

No es necesario llegar con un proyecto en la cabeza.

Parte del trabajo de la arquitecta consiste precisamente en escuchar esas referencias, hacer las preguntas adecuadas y ayudar a convertir sensaciones y necesidades en decisiones concretas.

Una imagen puede decir “quiero una casa así”.

La conversación permite descubrir por qué quieres que sea así.

Y esa diferencia es importante.

Hablamos también de posibilidades

Una vez entendemos qué necesita la persona, podemos empezar a hablar de la vivienda y de sus posibilidades.

La orientación, la distribución actual, la estructura, la entrada de luz, la relación con el exterior o las posibilidades de redistribución condicionarán lo que puede hacerse.

Todavía no estamos tomando decisiones definitivas.

Estamos empezando a descubrir qué puede llegar a ser ese espacio.

Y muchas veces es precisamente en este momento cuando aparecen posibilidades que el cliente no había imaginado.

El presupuesto también tiene su lugar

Hablar de presupuesto desde el principio no significa reducir la conversación a una cifra.

Significa entender el alcance del proyecto y establecer prioridades.

Una vivienda puede necesitar muchas cosas, pero no todas tendrán el mismo valor para quienes van a vivir en ella.

Quizá sea más importante invertir en aislamiento y confort acústico que en determinados acabados. Quizá una gran apertura hacia el jardín tenga mucho más sentido que ampliar otra estancia.

Conocer estas prioridades desde el principio permite plantear un proyecto coherente con la forma de vivir y con la inversión que se quiere realizar.

La primera reunión no es una entrevista

Ni el cliente tiene que demostrar que sabe de arquitectura, ni la arquitecta necesita llegar con una solución cerrada.

Es una conversación.

Un espacio para escuchar, preguntar, descubrir necesidades y empezar a construir una visión compartida del proyecto.

Por eso, una buena primera reunión no termina necesariamente con todas las respuestas.

A veces termina con mejores preguntas.

Y eso es precisamente lo que debería ocurrir.

Porque antes de dibujar una vivienda, hay que entender a las personas que van a vivir en ella.

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