¿Y si empiezas tu reforma en septiembre?

Septiembre tiene algo de comienzo. Después de las vacaciones recuperamos nuestros horarios, volvemos a mirar nuestra casa con otros ojos y, casi sin darnos cuenta, vuelven a aparecer esas pequeñas cosas que durante el verano habíamos dejado en segundo plano.

Quizá sea esa habitación que se ha quedado pequeña. Una cocina en la que ya no resulta cómodo cocinar. Un salón que no termina de acompañar la forma en la que ahora vivís. La falta de luz, de espacio para guardar, de conexión con el exterior o, simplemente, la sensación de que vuestra casa pertenece a una etapa de vuestra vida que ya ha cambiado.

Y entonces vuelve esa idea que lleva meses, quizá años, rondando por la cabeza:

“Tenemos que reformar.”

Si te reconoces en esto, septiembre puede ser un buen momento para empezar.

No necesariamente para empezar la obra, sino para empezar a pensar en serio cómo quieres vivir los próximos años.

Quizá tu casa ya no encaja con tu vida

Las viviendas no cambian al mismo ritmo que las personas.

La familia crece, los hijos se independizan, cambian nuestras rutinas, empezamos a trabajar más desde casa, recibimos más invitados o simplemente descubrimos que aquello que necesitábamos hace diez años ya no es lo que necesitamos ahora.

Sin embargo, muchas veces seguimos viviendo en espacios diseñados para una versión anterior de nosotros mismos.

Y quizá una reforma no tenga que ver con querer una casa más bonita, sino con necesitar una casa que se parezca más a la vida que tenemos hoy.

Pregúntate cómo utilizas realmente cada estancia de tu casa. Qué espacios disfrutas y cuáles apenas utilizas. Qué cosas te incomodan cada día y cuáles has terminado aceptando simplemente porque llevan tanto tiempo ahí que ya forman parte de la rutina.

A veces, observar nuestra propia casa con cierta distancia es suficiente para descubrir que necesitamos algo diferente.

Hay cosas que dejamos de ver porque nos hemos acostumbrado

Una distribución incómoda, una habitación oscura, la falta de almacenamiento o un pasillo que ocupa demasiado espacio pueden convertirse en algo tan habitual que dejamos de cuestionarlos.

Aprendemos a vivir alrededor de ellos.

Nos acostumbramos a atravesar la casa para hacer algo que podría estar resuelto de otra manera, a encender las luces incluso cuando fuera todavía hay sol o a guardar determinadas cosas donde podemos, aunque no sea el lugar adecuado.

Pero que nos hayamos acostumbrado no significa que funcione bien.

Una reforma puede ser precisamente la oportunidad de dejar de adaptarnos nosotros a la vivienda y conseguir que sea la vivienda la que se adapte a nosotros.

Antes de elegir materiales, piensa en cómo quieres sentirte

Cuando alguien decide reformar, es fácil empezar imaginando una cocina concreta, un suelo, una piedra o un baño que ha visto y le ha gustado.

Pero quizá la pregunta más importante no sea qué quieres poner en tu casa, sino qué quieres que ocurra cuando vivas en ella.

¿Quieres despertarte con más luz?

¿Quieres llegar a casa y sentir calma?

¿Quieres poder cocinar mientras hablas con quienes están en el salón?

¿Quieres tener un espacio donde recibir a tus amigos sin que la casa deje de sentirse ordenada?

¿Quieres una habitación donde el ruido desaparezca al cerrar la puerta?

¿Quieres mirar hacia el jardín desde el sofá?

Las respuestas a estas preguntas contienen mucha más información sobre tu futura vivienda que cualquier catálogo de materiales. Porque cuando sabes cómo quieres vivir, resulta mucho más fácil decidir qué necesita realmente tu casa.

Una reforma necesita tiempo para hacerse bien

Quizá este sea precisamente el motivo por el que septiembre puede ser un buen momento para empezar, porque una reforma integral no debería plantearse desde la prisa.

Antes de que llegue la obra hay que observar la vivienda, estudiar sus posibilidades, definir una distribución, pensar en la luz, seleccionar materiales, resolver instalaciones, valorar presupuestos y tomar muchas decisiones que después permanecerán en nuestra vida durante años.

Empezar ahora no significa tener que vivir mañana entre polvo y escombros, significa poder dedicar tiempo a pensar, comparar, cambiar de opinión cuando sea necesario y llegar a la obra con la tranquilidad de saber por qué se ha elegido cada cosa.

Y eso cambia completamente la experiencia de reformar.

Septiembre puede ser ese primer paso

Si llevas tiempo pensando que tu casa podría ser diferente, quizá solo necesites empezar a preguntarte qué cambiarías si pudieras diseñarla pensando únicamente en vuestra forma de vivir.

Y si septiembre marca para muchos el comienzo de una nueva etapa, quizá también pueda ser el momento de empezar a imaginar la casa que quieres vivir en los próximos años.

No tienes que empezar la obra mañana. Pero quizá sí sea el momento de empezar a pensar en ella.

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