¿Cómo influye el diseño de una vivienda en el estrés?

Hay casas en las que entramos y sentimos que podemos bajar el ritmo casi de inmediato. Dejamos las cosas, respiramos y todo parece estar en su sitio. Otras, en cambio, pueden resultarnos incómodas sin que sepamos explicar exactamente por qué, demasiado ruido, demasiados objetos, poca luz o una distribución que nos obliga constantemente a adaptarnos al espacio.

No es casualidad.

La arquitectura influye en la forma en la que percibimos nuestro entorno y, aunque una vivienda no pueda eliminar el estrés de nuestra vida, sí puede favorecer una sensación de calma y bienestar. Es una de las cuestiones que estudia la neuroarquitectura, la relación entre los espacios que habitamos y la forma en que nos sentimos en ellos.

La luz puede cambiar cómo percibimos una vivienda

Pensemos en dos salones iguales. En uno entra el sol de la mañana y la luz va cambiando durante el día; en el otro apenas entra iluminación natural y necesitamos encender las luces desde primera hora.

Los metros cuadrados son los mismos, pero la sensación probablemente no.

La luz natural modifica la percepción del espacio, acompaña nuestros ritmos y hace que una vivienda evolucione a lo largo del día. Por eso, la orientación, la distribución y la posición de las ventanas deberían formar parte del proyecto desde el principio.

En nuestro artículo sobre cómo diseñar una vivienda para aprovechar al máximo la luz natural durante todo el año profundizamos en cómo conseguirlo.

Cuando el orden visual también genera calma

Una encimera llena de objetos, cables visibles, muebles que dificultan el paso o demasiados elementos compitiendo por nuestra atención pueden hacer que una estancia se perciba más saturada de lo que realmente está.

No significa que una vivienda tenga que ser minimalista. Una casa debe tener personalidad, recuerdos y objetos que hablen de quienes viven en ella.

La cuestión es otra: que cada elemento tenga su lugar y que la mirada pueda descansar.

A veces, diseñar con calma consiste simplemente en decidir qué queremos ver y qué preferimos que permanezca en un segundo plano.

Una buena distribución elimina pequeñas fricciones

Hay viviendas en las que cada movimiento cotidiano parece requerir un pequeño esfuerzo, atravesar el salón para llegar a la cocina, compartir una zona de paso con quien está trabajando o dormir junto a la estancia más activa de la casa.

Son pequeñas incomodidades que, repetidas durante años, terminan formando parte de nuestra experiencia del hogar.

Una distribución bien pensada consigue justo lo contrario. Hace que los recorridos sean naturales, que cada espacio tenga sentido y que las diferentes actividades puedan convivir sin interferirse constantemente.

El verdadero lujo de una vivienda puede estar precisamente en todo aquello que funciona tan bien que dejamos de percibirlo.

Los materiales también se sienten

La arquitectura no se experimenta únicamente con la vista, la temperatura de una superficie, la textura de una madera, la acústica de una estancia o la forma en que un material refleja la luz forman parte de la experiencia cotidiana de una vivienda.

No sentimos igual un dormitorio revestido con materiales cálidos y agradables que uno dominado por superficies frías y excesivamente duras.

La elección de los materiales, por tanto, no debería responder únicamente a una cuestión estética. También puede contribuir a construir una atmósfera más cálida, serena y confortable.

Como explicábamos en nuestro artículo sobre materiales naturales que mejoran la calidad de vida en casa, la materia también forma parte del bienestar.

La naturaleza nos ayuda a cambiar de ritmo

Cuando necesitamos desconectar, muchas veces buscamos lo mismo, un jardín, una terraza, un paisaje abierto o simplemente una ventana desde la que podamos ver algo de naturaleza.

Una vivienda puede incorporar esa relación con el exterior de muchas maneras. No hace falta disponer de un gran jardín; una terraza conectada visualmente con el salón, un patio interior o una ventana orientada hacia la vegetación pueden cambiar por completo la percepción de un espacio.

Cuando el exterior forma parte de la vivienda, la naturaleza deja de ser algo que visitamos ocasionalmente y pasa a acompañar nuestra vida cotidiana.

En nuestro artículo sobre cómo integrar terraza, jardín y salón en un único espacio hablamos de cómo conseguir esa continuidad.

El silencio también forma parte del confort

El ruido de la calle, una habitación junto a una zona de paso o una mala distribución pueden dificultar el descanso y hacer que una casa resulte menos tranquila.

Por eso, el confort acústico también debe pensarse desde la arquitectura, la distribución de los espacios, el aislamiento, las carpinterías y determinados materiales pueden ayudar a controlar los sonidos.

No se trata de vivir en absoluto silencio, sino de poder decidir cuándo queremos escuchar y cuándo necesitamos desconectar.

Diseñar para sentirnos bien

La neuroarquitectura no propone fórmulas para eliminar el estrés. Su valor está en ayudarnos a comprender que los espacios que habitamos tienen una influencia sobre nuestra experiencia cotidiana.

La luz que entra por la mañana, el silencio de un dormitorio, la textura de una madera, la conexión con un jardín o una distribución que funciona sin esfuerzo pueden parecer decisiones pequeñas.

Pero son precisamente esas pequeñas decisiones las que construyen, día tras día, la sensación de estar bien en casa.

En KOZO creemos que diseñar una vivienda es preguntarse no solo cómo queremos que se vea, sino también cómo queremos sentirnos cuando la habitamos.

Porque una casa no puede hacer desaparecer el ruido del mundo, pero sí puede convertirse en el lugar donde podamos bajar el volumen.

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