¿Por qué nos sentimos mejor en verano? La neuroarquitectura tiene la respuesta

Hay algo que cambia cuando llega el verano.

Pasamos más tiempo al aire libre, abrimos las ventanas, disfrutamos de más horas de luz y buscamos espacios donde respirar con calma. Incluso nuestro estado de ánimo parece transformarse.

Aunque solemos atribuir esa sensación únicamente al buen tiempo o a las vacaciones, existe otro factor que también influye: la forma en la que los espacios interactúan con nuestros sentidos.

La neuroarquitectura estudia precisamente esa relación entre el entorno construido y el bienestar de las personas. Nos ayuda a comprender por qué determinados lugares nos hacen sentir más tranquilos, más conectados y más cómodos, y cómo la arquitectura puede reproducir muchas de esas sensaciones durante todo el año.

La arquitectura influye más de lo que imaginamos

Cada espacio que habitamos envía estímulos constantes a nuestro cerebro.

La cantidad de luz natural, la ventilación, los materiales, la presencia de vegetación, las vistas al exterior o la amplitud de una estancia condicionan cómo percibimos un lugar y cómo nos sentimos en él.

Por eso, una vivienda no solo debe responder a criterios funcionales o estéticos. También debe ser capaz de generar bienestar.

La neuroarquitectura demuestra que el diseño tiene un impacto directo en nuestra experiencia cotidiana.

Más luz, más bienestar

Uno de los grandes protagonistas del verano es la luz natural.

Los días más largos favorecen nuestros ritmos biológicos, mejoran el estado de ánimo y hacen que los espacios resulten más agradables.

Cuando una vivienda está diseñada para aprovechar la entrada de luz durante todo el año, es posible disfrutar de muchos de estos beneficios también en otras estaciones.

Como explicábamos en nuestro artículo sobre cómo diseñar una vivienda para aprovechar al máximo la luz natural durante todo el año, la orientación y la distribución son claves para crear hogares más saludables y confortables.

La conexión con la naturaleza reduce el estrés

Durante el verano buscamos jardines, terrazas, playas o parques casi de forma instintiva.

No es casualidad.

El contacto con la naturaleza contribuye a reducir el estrés y favorece una sensación de calma difícil de conseguir en entornos completamente artificiales.

Por eso, integrar el exterior dentro del diseño de una vivienda (a través de patios, jardines, vegetación o grandes apertura) permite mantener esa conexión con el entorno durante todo el año.

La arquitectura puede acercar la naturaleza a la vida cotidiana.

Materiales que despiertan los sentidos

La experiencia de un espacio no depende únicamente de lo que vemos.

También intervienen el tacto, la temperatura de los materiales, la acústica o incluso la forma en la que la luz incide sobre cada superficie.

La madera, la piedra o los revestimientos minerales aportan una riqueza sensorial que ayuda a crear ambientes más cálidos, equilibrados y acogedores.

Como vimos en nuestro artículo sobre materiales naturales que mejoran la calidad de vida en casa, elegir determinados materiales también es una forma de diseñar pensando en el bienestar.

Espacios que invitan a vivir despacio

En verano solemos dedicar más tiempo a conversar, descansar o compartir momentos con quienes nos rodean.

No solo cambia nuestro ritmo. También cambian los espacios que elegimos.

Las viviendas con una distribución abierta, una buena relación entre interior y exterior y zonas pensadas para permanecer favorecen una forma de habitar más tranquila y consciente.

La arquitectura tiene la capacidad de influir en nuestros hábitos mucho más de lo que imaginamos.

Diseñar para el bienestar durante todo el año

No podemos alargar el verano, pero sí podemos trasladar muchas de las sensaciones que asociamos a esta estación al diseño de una vivienda.

Más luz natural.

Más contacto con la naturaleza.

Materiales saludables.

Espacios abiertos.

Ventilación.

Confort.

Cuando todas estas decisiones forman parte del proyecto desde el inicio, el resultado es una vivienda que cuida de quienes la habitan en cualquier época del año.

Porque la verdadera función de la arquitectura no es solo crear edificios. Es crear lugares donde las personas puedan vivir mejor.

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